Monday, July 18, 2016

LAMIRADAPERVERSAANTEELDESNUDOFOTOGRAFICO.




La mirada perversa ante el desnudo fotográfico (erotismo versus pornografía), a propósito de la obra de Jim Platel

Roberto Rosique

El desnudo en la fotografía presente desde la reinvención de la cámara (Nicéphore Niepce, 1824, con las primeras imágenes fotográficas, inéditas) o por lo menos, hoy corroborable, a partir de la década de los cuarenta del mismo siglo con los daguerrotipos de Félix Jacques Antoine Moulin de jovencitas púberes y adolescentes, (motivo, ya en ese entonces de censura y en su caso, confiscación y cárcel) o las del Barón Wilhelm von Gloeden de niños y jóvenes sicilianos de un alto ─a decir por sus historiadores─ componente homoerótico; pero que a diferencia de su antecesor su rango social lo escudó de condenas hasta su muerte.

La lista interminable de autores involucrados en ese género es hasta estos días enorme (Man Ray, Hans Bellmer, Edward Weston, Emmet Gowin, Bill Brandt, Robert Mapplethorpe, André Serrano,Deborah Harry, Patty Smit, Helmut Newton, Imogen Cunningham, Jeanloup Sieff, Jan Soudek, Herb Ritts, quizá entre los más reconocidos), esto habla de su enorme poder de atracción y consumo.

La fotografía estética de desnudos ligada inexorablemente a lo erótico será deseada pero también fuertemente condenada; una paradoja, pues la naturalidad del cuerpo humano no tendría por qué ser motivo de asombro y confusiones; sin embargo, es la mirada (perversa) del que observa la que anima a la lascivia o al repruebo, la que adosa etiquetas y hace de este género sicalíptico motivo de alabanzas y censuras.

Jim Platel, Chicago Illinois (1952), avecindado en Chula Vista y Tijuana desde el 2012, un fotógrafo bastante identificado con la cultura hispana, visible en una serie de trabajos previos que la aluden (Guatemala, Día de Muertos, México B&N, Noches en Tijuana, etc.), con los que, desde una mirada ajena al exotismo, da luz a contextos y tradiciones.

Un artista que trabaja, sin desplantes existenciales, con la imagen análoga y digital, que aborda el tema de manera intimista y recurre a escenas simples, por lo general monopersonales, cuidando el encuadre, la luz y el contexto, buscando una composición inteligente que brinde otras posibilidades interpretativas y lleve al espectador a la reflexión.

Todavía encuentra en el desnudo femenino suficientes pretextos para re-presentarlo; lo viene haciendo tiempo atrás y ahora, entresaca fotos de viejos archivos, toma nuevas imágenes y propone esta serie que denomina Sensopercepción. Curvas, Líneas y luz y que expone al público en La Bohéme, en Tijuana.

Una treintena de imágenes en blanco y negro que en su bicromía parecen aferrarse al pasado, cubiertas con un velo de nostalgia, de intimidad y socarronería, con las que hace un recorrido en tiempo y forma con el cuerpo femenino. Que insinúan, en analogía con el título, la amalgama de lo sensorial (de donde deviene también lo sensual) con la percepción; imágenes que se solazan en curvas y líneas visibles por la luz, como también reza el subtitulo de la muestra, cuyo vector es el cuerpo (semi)desnudo de modelos, algunas profesionales otras amateurs o amistades que confiaron en la lente o más bien el ojo de Platel para dejar ver, sin temor ni repruebo, lo voluptuoso de sus formas, ondulaciones y oquedades.

Poses en su mayoría insinuantes, rebozadas de una ingenuidad aparente, con la mirada desviada en una indiferencia teatralizada, pero que en esa recreación dicotómica logran su objetivo, detener la mirada para que el voyeur de rienda suelta a la imaginación. Esa es la gracia, magnificencia y generosidad de la fotografía, la que permite regocijar a sus anchas, anhelos, inquietudes y lo que la libertad o la censura te permitan.

Tenemos claro que la fotografía no mimetiza la realidad, que por supuesto no es la realidad, sino que es uno de los muchos modos, todos convencionales, de representarla; sin embargo, cuando miramos la imagen presentimos que hay algo mas detrás de la forma y buscamos esa esencia que nos conecta con el punto (el punctum barthesiano) que genera la emotividad y si acaso la fascinación y que no necesariamente tiene que ver con lo que el fotógrafo vio al momento de disparar el obturador, de ahí su encanto; pero también la razón para no satanizar una foto que muestra genitales, el coito o cualquier otra situación relacionada con el sexo. Al no ser realidad, no habría porque preocuparse, habría quizá que repensar las reglas torcidas que rigen sus vidas incompletas.

Si la imagen, como lenguaje, es capaz de comunicar al público diferentes sensaciones, sexuales o no, siempre será percibida de manera distinta en cada espectador y en esa diferencia entran gustos, valores y veleidades, tal se ha dicho; de ahí también que si nos preguntáramos donde está la diferencia entre desnudos eróticos y pornográficos, tendríamos que responder con la misma medida; la diferencia está justamente en la mente de quien contempla y etiqueta de acuerdo a su moral o sus principios.

La obra de Jim Platel, creada para avivar ideas dormidas en la imaginación, tiene todos los componentes epicúreos que pueden leerse desde la trinchera que el que observa escoge; desde mi particular percepción lo erótico es pertinente, libera los demonios, activa neuroreceptores, emociona, proporciona alegría y deja pues, un buen sabor de boca dispuesto a repetirse.

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