Wednesday, April 18, 2018



Órganos, vísceras: último refugio psíquico (2017)
“Como si el artista nos convocara a aquellas ether frolics de mediados del XIX, en las que el padre de la anestesia, Crawford W. Long, junto con otros médicos, practicaban lúdicamente en busca de la pérdida de los sentidos, Rosique nos insufla vapores de éter para no sentir los miembros, adentrándonos en su búnker del subconsciente, eso sí, respetando el juramento hipocrático para adquirir un compromiso ético olvidado por la contemporaneidad, que tal como decía Rothko, camina «hacia la eliminación de todos los obstáculos entre el pintor y la idea, entre la idea y el espectador». El procedimiento de Roberto Rosique se aleja y a veces parece confrontarse con el laboratorio del terror del arte contemporáneo, rechazando a la vez la deriva monstruosa de la ciencia y la biología contemporáneas, con su desvío hacia la eugenesia y la tecnobiología genética. Concibe, como Georges Bernanos, que «el mundo está enfermo, mucho más enfermo de lo que pensamos, y eso es lo primero que hay que reconocer para tenerle lástima»”.
_José Carlos Ascencio
(Historiador de arte y crítico de arte, Madrid, Es.)

Friday, March 23, 2018



Cuando lo ruin se suma a la descalificación para únicamente denostar.
 “Denle duro vociferaba el can mayor, mientras los esbirros afilaban uñas, practicaban su labia y lanzaban todo lo que a su merced tenían; el acosado los miraba sin sorpresa y respondía calmadamente a los ladridos”. RR.

El epígrafe que escribí para introducir al tema es la descripción de la imagen que predominó de la entrevista que da origen el presente texto, que dada las intenciones y los resultados de la misma, seguramente se volverá referente emblemático del periodismo tendencioso y pueril.

La penosa historia de un grupúsculo de periodistas envanecidos, serviles y deshonestos, que buscaron, durante una hora y media, bajo todas las artimañas posibles descalificar al único político mexicano que ha demostrado signos de honradez, que va a la cabeza de las preferencias para la elección presidencial por sus actos, por su visión clara de que el camino de salvación del pueblo mexicano es acabar con la corrupción, y que el pueblo cansado de tantos descalabros, pobre y explotado ve como única posibilidad del cambio.
 Un triunfo para Milenio porque jamás en su pobre historia televisiva habían logrado el rating que les procuró la presencia de Andrés Manuel López Obrador, pero sobre todo una clara derrota al haberse develado a la opinión publica la naturaleza mezquina de sus insubordinados, que actuaron con dolo, bajo el pretexto de una entrevista, buscando humillar y descalificar al interrogado, consiguiendo sólo develar la pobre calidad moral que distingue a su periodismo ramplón.
Un grupo rencoroso de periodistas que han vivido leyendo noticias desde su perspectiva instrumental, bajo el cobijo del grupo empresarial Milenio, una filial disfrazada de Televisa,  claramente coludido con el sistema y que desde la comodidad de la radio y la televisión, detrás un micrófono, devengan altísimos sueldos, jamás se exponen a nada mientras reporteros mal pagados, en la calle pone en riesgo su vida por conseguirlas y estos periodistas de sillón se inflaman de indignación simulada cuando algún reportero pierde la vida por señalar la corrupción y la violencia; mientras ellos repiten únicamente las noticias convenientes. Periodistas comodines, fieles al que les llena el plato y el bolsillo, acatan órdenes sin chistar, acostumbrados a destruir con mañosos argumentos al que estorba.
Periodistas de derecha, que señalan equívocos del gobierno para simular la libertad de expresión, mientras besan la mano del Presidente en turno; un grupo que ha hecho un periodismo burdo, en esta ocasión comandados por Carlos Marín, un siniestro periodista, arrogante y gris, que ha inflado su figura con su postura revanchista y cínica, que ataca a todo aquello que se oponga al patrón, que afila su verborrea para denostar, enarca sus cejas para mostrar el odio con una mirada infausta y torva, y bajo la siniestra sonrisa rústica, la que parece disfrutar porque luce su dentadura postiza con orgullo. Un pobre diablo venido a periodista; que con su impertinencia y desafortunados comentarios durante la entrevista mostró la ralea de lo que está hecho.
Manuel Puig, el “López Dóriga” de Milenio, un astuto periodista convenenciero (busquen y lean su historial) que compromete al que entrevista y tergiversa declaraciones con la anuencia de siniestros personajes como el panista Diego Cervantes de Cevallos, su invitado semanal al programa, un político rancio y sinvergüenza, mocho y persignado que miente y despotrica amparado en la Biblia y la Ley; un personaje de miedo que “fortalece” la falsa honestidad del noticiero de marras. Puig embistió buscando vulnerar con las preguntas y en cambio recibió respuestas que lo desarmaron y no se retractó porque para ello se requiere de valentía y al parecer carece de ella.
Azucena Uresti, una lectora de noticias que repite y repite lo dicho por otros periodistas, que Milenio la usa como imagen de mujer liberal y que la única gracia que tiene es su belleza, por cierto, próxima a marchitarse. Insistió con preguntas sensacionalistas exigiendo un sí o no, rotundo; obteniendo del entrevistado, respuestas claras, amplias y aclaratorias a las mal planteadas interrogantes.
Jesús Silva Herzog, un pseudointelectual de centro-derecha, que desde su aparente sabiduría golpea con una retórica grillera apantalla-pendejos, que fue correspondido con una clase de historia de México en la que sólo movía catatónicamente su incomoda corpulencia aceptando su ignorancia al respecto.
 Héctor Aguilar Camín, un historiador advenedizo, multipremiado por Fox, Calderón y Peña Nieto, por su comportamiento siempre conveniente; atacó con cautela y aceptó asentando con la cabeza las respuestas, sin replica, pues no había razón para ella. Fue el menos agresivo, midiendo mañosamente su participación pues seguro entendía que no fue una entrevista honesta sino un ataque artero e injusto al que MLO respondió con una sinceridad inexistente en ellos y en los corruptos políticos mexicanos señalados.
Todos, amparados en el teatral escenario preparado exprofeso para el ataque masivo, intentaron descalificar a mansalva y con insidia a López Obrador con preguntas sensacionalistas, mofándose con risas socarronas o descaradas como las prorrumpidas por Carlos Marín y que recibieron en respuesta explicaciones sencillas que, no únicamente aclaraban sus preguntas malintencionadas sino que explicaba con claridad los objetivos de su futuro papel como mandatario nacional; que aclaró el porqué de lo inútil del nuevo aeropuerto, la razón de la mal interpretada amnistía a delincuentes en busca de una paz duradera, siempre —lo aclaró infinidad de veces— bajo la consulta previa con la población; la razón constitucional del porqué no meterá a la cárcel a Peña Nieto y las razones claras de lo inútil de las Reformas Educativas y Energéticas que sólo han beneficiado a las cúpulas de poder.
Una entrevista que dejó claro la valentía de un candidato vilipendiado, que acudió a ella a sabiendas del ataque de estos lobos rasurados, que dio respuestas clara a preguntas insidiosas, que demostró la calidad moral y los conocimientos de las necesidades apremiantes de un México en la pobreza, hundido en la violencia y la corrupción. Respuestas que incomodaron a gobernantes y empresarios deshonestos porque habló con la verdad y que veremos, en lo que resta de las campañas, cómo serán malinterpretadas buscando minimizar y ridiculizar a quien le demostró no temerles y develó —sin miedo— sus ansias de poder.
El circo montado por Mileno trajo a la memoria aquella exposición que marcaría otro rumbo del arte postimpresionista que dio pie al legendario encabezado noticioso: “Donatello entre los fauves”; sin embargo, a diferencia de los pintores franceses que trasgredieron las normas rancias establecidas (ejemplificadas por la única escultura expuesta, realizada académicamente a manera del renacentista Donatello), dispuestas a hacer un arte diferente y sin ataduras en el uso del color; los periodistas de Milenio, únicamente mostraron sus colmillos y garras buscando devorar como animales desenfrenados a un personaje que tiene lo que ellos carecen, sinceridad, honestidad y deseos de cambiar a un sistema corrupto, del que por cierto, ellos son excelentes representantes.
Roberto Rosique





 [r1]Catatónicamente


 [r2]

Monday, October 02, 2017

Cuarenta y nueve años y tres días después de la fatídica Masacre de Tlatelolco 68

Cuarenta y nueve años y tres días después de la fatídica Masacre de Tlatelolco 68, inauguro una muestra que en nada corresponde al espíritu de impotencia e incertidumbre de aquellos dolorosos días del México Moderno; pero quiero dedicarla como recordatorio esos momentos brutales de un gobierno bárbaro e inútil, que ejecutó a su gente a mansalva y sin remordimientos; y me atrevo a ofrendarla pues de cierta manera este trabajo es el fruto de los logros de las peticiones de aquella comunidad hastiada, cansada de imposiciones y sumisión, que marchó y dio su vida por el cambio del que hoy gozamos y olvidamos su origen.

Saturday, August 19, 2017

NOS DUELE Y NOS INDIGNA LO SUCEDIDO EN BARCELONA, PERO…
No hay suficientes palabras para manifestar nuestra indignación por los hechos acontecidos recientemente en Barcelona, no hay suficientes palabras para decir que nos duele lo sucedido porque nadie tiene derecho a quitar la vida a nadie; por lo que era de esperarse la respuesta mundial que repudia tales hechos. La rabia de la impotencia ante estos actos sanguinarios que reflejan las inequidades del mundo, que reflejan la disconformidad por una sociedad completamente dispareja donde el poder está en manos de unos pocos, mientras la gran mayoría sometida vive condicionada a la ambición desmedida, que no únicamente trastoca el orden mundial sino que orilla a grupos extremistas a encontrar pretextos para descargar su ira (fundada o infundada) sin importar que sus acciones afecten a vidas inocentes. El coraje desmedid vuelve al hombre -con más rabia- el lobo del hombre, y ahora lo hace desde la infamia, desde la barbarie, desde la atrocidad que no distingue a honestos de culpables, de ahí que actos como el acontecido en Barcelona se vuelven (por la indignación que provoca) la razón que une voces en el mundo para denunciar, condenar, para exigir el castigo severo de los culpables; en este caso, como tantos otros atribuidos (por ellos mismos o el sistema) a estas células extremistas musulmanas.

Es duro aceptar que sólo después de estas acciones perversas el mundo busque unidad y exija castigo, como sucedió después  del atentado del 11 de septiembre de las torres gemelas de Nueva York y la larga lista de lo acaecido en otras ciudades primermundistas (Londres, Madrid, Paris, etcétera), lo que está perfectamente justificado; sin embargo se olvidan o ignoran otras actos tan perversos y más atroces como los sucedidos durante el reinado del Presidente Pena Nieto, responsable de la friolera suma de más 90 mil muertos por violencia en lo que va de su mandato y cuya impunidad no los contabiliza, los ignora o los solapa. Eso duele también, indigna y da tristeza que esto no sea considerado por el mundo “civilizado” como un acto de terror, que no se juzgue a un sistema perverso como el mexicano que impunemente tolera y propicia la barbarie. Esto debe condenarse mundialmente y sancionarse con todo el peso que se merece, pero el silencio internacional que le acompaña, la indiferencia que encubre y que indulta todo o sólo alza sus voces indignadas selectivamente, es una injusticia imperdonable que también duele y preocupa. Nos duele Barcelona como nos debe doler México y cualquier otro país del Sur Global en las mismas circunstancias. Roberto Rosique.

Wednesday, August 02, 2017

CUENTOSDEAMORYMUERTEYMUERTESPORAMOR









S
ergio Lugo, escritor sinaloense afincado en TJ ya desde algunos ayeres y autor también de la novela Huellas del alma, publicada en el 2008 por la editorial de este centro cultural. El libro que ahora nos reúne, impreso el año pasado por el Instituto Municipal de Cultura de Culiacán en su estado natal, denominado: Cuentos de amor y muerte y muertes por amor, un título intencionadamente reiterativo como para indicarnos que si pensamos en otros contenidos erraremos sobre la aventura que este libro depara. Buena intención. Con un breve prólogo de Gabriel Trujillo, y compuesto por ocho relatos hilvanados todos -tal lo indica el título-, por el amor y la muerte; en donde engarza también nostalgias, anhelos, dolor e injusticia. Todo un drama común existencial que el autor describe de forma amena y pormenorizada.
Haré un esbozo de ellos, con el ahorro de recurso necesario con el único fin de entusiasmarlos a su lectura y no mal-vender la historia (por cierto, el pecado más común del presentador de libros). Y digo mal-vender, por que frecuentemente con el entusiasmo provocado por el contenido o la amistad con el autor o la torpeza para comprender lo que realmente ofrece el libro, escribe uno percepciones tan particularizadas que bien pueden ser otras historias y eso vende o aleja en demasía al lector. Anticipo mi disculpa por si algo de esto último sucede con mi lectura.
Damián, título del primer relato y el nombre de un individuo con retraso mental que deambula, como tantos, sin ton ni son por la vida; estigmatizado desde la infancia por imágenes nada redentoras y supuestos derivados de su lógica restringida. Una perspectiva limitada que, por si fuera poco, lo llevará a confrontar su vida con la fatalidad.
El segundo relato titulado Rosalba, una solterona amargada que ronda en la soledad con su vejez acuesta, rememorando todo el tiempo su infortunio; sólo comprendida por su sobrino, otro solterón, bastante afines en ciertas circunstancias, enlazados por la sangre filial (si es que el término es pertinente) y el fracaso amoroso que cada uno experimenta. Una historia sobrada de nostalgias, rencores y dolor, que cierra el círculo con la indulgencia.
Olivia, título del tercer relato, hija del pecado, pues no sabían quién había sido el padre;  nieta de la curandera del pueblo Jesús Ventura, beata irrevocable, crece a su lado bajo la consigna de que el hombre sólo busca a la mujer para tener sexo. Protegida en exceso por su abuela hace difícil que hombre alguno se le acerque; sin embargo, la vida que tiene caminos tortuosos le reserva a Olivia un desenlace inesperado. El destino, parece remarcar Lugo en este cuento, es una línea trazada, a veces cruel e inexorablemente inamovible.
Le sigue una triada de cuentos breves de amor y muerte, en el Cuento 1, Patricio Lagarde un algodonero sinaloense, macho y parrandero, que muere intempestivamente en una situación suigeneris dejando a la viuda sumida en la vergüenza, el Cuento 2, Demetrio Valenciano, cobra una afrenta con un asesinato, que para desgracia de las familias dará pie a un odio perpetuado en la venganza, y el Cuento 3, Santiago, un borracho empedernido vive y muere entre ilusiones frustradas y anhelos fracturados por la indiferencia. Historias breves de cierre abrupto cuyo sustento, desde mi perspectiva,  recaen en lo directo del hecho narrado.
Chicho, el título del penúltimo cuento y nombre de un personaje colmado de tristeza que ha transcurrido su vida miserable recorriéndola en solitario sin hacer camino al andar, y ante la aparente indolencia de la vida se cierra su círculo en un hogar humilde y generoso que lo acoge.
Sangre seca, el texto final, que se desengancha de todos los anteriores por su tópico y contexto,  describe el drama doloroso que viven los indocumentados por alcanzar el sueño americano y que culmina, como es frecuente, en una lacerante realidad.
Historias sobradas de reproches, de creencias firmes -más por temor que convicción-, arropadas de la tradición religiosa que hace sumiso al hombre por miedo al castigo eterno de un dios creado por el mismo; esta figura omnipotente y dadivosa pero que castiga sin piedad la desobediencia; ¡vaya paradoja!.
Hogares descritos por Lugo con esmero, tan protagónicos como sus personajes, detallados bajo el drama ampuloso del recuerdo y la nostalgia; contextualizados en la provincia cuyas atmósferas también define con apasionamiento. 
Cuentos, en su mayoría (la excepción sería Sangre seca) anclados a un pasado remoto de un México campirano casi en el olvido, que hacen difícil, por momentos, no rememorar aquella tradición exacerbada por las imágenes idílicas de la fotografía de Figueroa de la época de oro del cine mexicano o por algunos pasajes rulfianos, donde el machismo, la sumisión, la ignorancia, la fe, el odio, el amor y la muerte, son el contexto en el que se desenvuelven, pero también lo que da corpus a los protagonistas.
Un narrador ágil que encuentra suficientes palabras claves para lograr la empatía entre lector y protagonista, que busca conmover y en varios momentos lo logra. Un recurso, por cierto, infalible para dejar huella que se hace imprescindible en el cuento y que, no obstante, también puede ser la tuerca floja que hace a la estructura frágil, por lo empalagoso en que puede convertirse el recurso.
Si bien se dice que los protagonistas del mundo literario son como una especie de proyección de lo propio,  no podría aseverarlo en estos cuentos de Lugo; sin embargo, sus historias, aun bajo el pretexto de la ficción, se derivan del sentido de la existencia, es por ello que podemos vernos reflejados o mejor, identificar a otros con prontitud en estas narraciones. Cuentos pues, hechos con pedazos de vida que transcurren en una realidad nada complaciente.
Los conmino a leerlos para que saquen sus propias conclusiones.

Roberto Rosique
Agosto primero, del 17, Cecut

Saturday, July 08, 2017

POSTABSTRACCION

Postabstracción
 (Un índice de insinuaciones)

Desde su aparición en los avatares de la modernidad europea, su consolidación en la propuesta neoyorquina y su largo recorrido a través de la historia, la abstracción nace, muere y resurge. Fluye de lo lírico al gesto, del color a la monocromía, reduciéndose en el plano o explayándose en la superficie como un todo; manteniendo siempre su condición silenciosa, como expresión sin voz, que sólo se refugia en el acto o en la emotividad que le dio origen.

Si bien las piezas de esta muestra, cuya estructura y componentes ligados a la modernidad dificultan desterrarla del compromiso formalista, hay una intención que abordada entre la paradoja de la aleatoriedad del pigmento esparcido en el plano y la dirección controlada del mismo (en una coalición entre geometrías euclidianas y fractales) y el objeto ocasional que emerge o se libera del soporte, con lo que se entreteje un discurso que persigue darle sentido a las ideas, y estas volverse aliento para lo narrativo.

En este universo postabstracto se deja atrás el peso del silencio, se apodera de otros componentes, hace alianzas y conforma un discurso en el que pueden advertirse, a más del gesto y la emoción, historias que germinan de las lecturas múltiples, confabuladas ─siempre─ con el espectador.

En un juego premeditado les proporciono voz al sugerir atmósferas que detonan la imaginación y es precisamente en ese instante, en que espectador y obra se amalgaman para dar lugar a su propia narrativa, a la historia personal con que se justifican. 

Obras propuestas como un contrasentido en donde el juego de las formas y lo cromático, en un índice de insinuaciones, se subleva al silencio, cierran el círculo y abren otros en espera nuevas posibilidades.


Roberto Rosique

Playas de Rosarito, B. C., Julio, 2017

Thursday, June 22, 2017

Bronce a Bronce a Plenitud de Jorge Marín, lejos de la gratuidad como sinónimo de democracia


Algunas palabras para el libro Bronce a Plenitud de Jorge Marín,  
lejos de la gratuidad como sinónimo de democracia.
Roberto Rosique


E
l libro Bronce en plenitud (2017), que fue presentado en las instalaciones de El Cubo del Centro Cultural Tijuana, este pasado miércoles 7 de junio, en una mesa de personalidades diversas en la que participaron Elena Catalán, coordinadora de logísticas expositivas y promotoría del Estudio Jorge Marín, Javier Villarreal, crítico y curador de la producción del escultor referido y autor de uno de los textos del libro, ambos de la Ciudad de México, así como Eduardo Lozano, curador independiente y director de Periférica, y el que esto escribe; después de las presentaciones protocolarias, del mensaje de los representantes del Estudio del escultor homenajeado y de las explicaciones de las razones de obsequiar el libro a todo asistente al evento, un acto inusitado sin lugar a dudas, así como el aclarar que el objetivo de tal acción fue específicamente el hecho de hacer más democrático el arte a través de esta medida.

El acto se desarrolló sin contratiempos y si bien lo expuesto provocó cierto escepticismo en relación a la idea de la democratización del arte, hubo una respuesta incipiente del auditorio, y no sé si fue porque esto los haya tomado desprevenido o por la satisfacción de tener entre sus manos un preciado libro de arte. Un aspecto que retomaré al final del texto que presento a continuación, el que preparé para la presentación a la cual fui invitado y que finalmente, los coordinadores del Estudio Marín, cambiaron por este modelo de diálogo y respuesta a una serie de preguntas propuestas por ellos y que en cierta forma resultaba interesante pues rompería un poco con la tradicionalidad de hablar de un libro que posteriormente sería leído. Con todo, anexo esta reseña del libro para quien no pudo acudir al evento, en espera de acercarlos a la producción de este escultor exitoso, criticado fuertemente por unos y alabado igualmente por otros y cierto es, bendecido por las preferencias del sistema; sin que ello implique, aclaro, desestimo de su producción controversial.

Un libro editado de manera impecable bajo el auspicio de la Secretaría de Cultura, la Cámara de Diputados (LXIII Legislatura) y la Fundación Piel de Bronce, A. C., que contempla, la producción escultórica de Jorge Marín realizada entre el 2005 y el 2016, que en este caso conforman un total de 34 obras vaciadas en bronce a la cera perdida y una de las piezas en resina; Un gran reto por el número elevado de obras y todas las implicaciones técnicas y logísticas que conlleva, que van desde la idea preconcebida, el boceto, el modelado o cualquier método empleado para su realización y el vaciado; lo que implica y como han de suponer un arduo trabajo.

Un libro que da la bienvenida con un close up esplendido que realiza Luis Armando Rodríguez Garza de la obra “Fuerza de gravedad” (2016); seguido del prólogo de Sandra Lorenzano que titula: Entre la tierra y el aire, nuestro propio rostro, que la autora propone a partir de los elementos: aire, tierra, agua y fuego, los que entrelaza con las obras del autor y correlaciona con alegorías que brotan particularmente de la mitología griega. Vincula así, el aire con las posibilidades que otorgan las alas de los personajes creados por Marín, desde su liviandad, el acto de flotar y toda la poética que implicaría el hecho de volar; el agua, homenajeada por Marín con las barcas que atraviesan nuestro espacio visual, que rompen con la inercia y transportan; la tierra, como origen y raíz, así como el lugar a donde habrá de volver al fenecer; y del fuego, que permite la alianza matérica y el moldeo del bronce con el que conforma sus piezas; pero también éste último como elemento mitificador de nuestra raza, cual metal mestizo, a decir de Carlos Fuentes según la prologuista, o la raza de bronce, la quinta raza, agregaría, aludiendo a José Vasconcelos. Entre estos elementos, escribe la autora, está “el camino por el que nos lleva Jorge Marín” (p.19).

Un texto en donde las obras consumadas para el presente, las encuentra ligadas al pasado, que ante el ánimo de la correlación y la buena voluntad, devela las emociones que provocan las obras de Jorge Marín en Sandra Lorenzano; palabras que discurre en una finísima línea de aproximaciones no siempre convincentes, a veces forzadas a una analogía poco clara; pero que con acertada razón reflejan lo que el escultor puntualiza “Me gusta que con mi obra se dé un dialogo muy íntimo: esa suerte de espejo donde tú mismo reflexiones sobre tus miedos, tus deseos, tus fantasías...” (pp.22, 23).

Otro texto aproximativo a la obra del escultor es el ensayo de Lily Kassner titulado: Jorge Marín o el ser en plenitud del ser, que “concibe como una celebración del evidente dominio de los recursos artísticos y de las técnicas requeridas que ostenta la obra magistral realizada los últimos años por Jorge Marín...” (p.131). En él describe la belleza proverbial y misteriosa que otorga el artista a la figura masculina, a las que Kassner atribuye “cualidades divinas o casi bestiales” (p.132), las que al proporcionarles alas nos las ofrece en un despliegue angelical ¿o demoníaco?  “Seres ambiguos, puesto que también podrían pasar por emblemáticas entidades protectoras, [que] se presentan de igual manera como una temible y poderosa especie de pertinaces guerreros e insaciables predadores” (pp.133, 134).

Personajes de expectante actitud, vueltos enigma cuando les adosa un antifaz o una máscara picuda y la autora correlaciona con la alegoría náhuatl del dios del viento (Ehécatl), el que sopla a través del pico de la careta y con su aliento inicia el movimiento del sol, anuncia y hace a un lado la lluvia, y trae la vida a lo que está inerte, o bien, liga a la Comedia del Arte (una forma de teatro italiano de la improvisación), con el que representan el drama o la tragedia. Lecturas propiciadas por las emblemáticas figuras de Marín sobradas de misterio; no obstante que, para el escultor, con el uso el antifaz busca una clara intención de objetivar. “Al cubrir la cara de mis personajes intento despersonalizarlos y dejar como único medio de expresión el cuerpo símbolo universal por sí mismo...” (Marín, p.146). Sin embargo, no con ello cierra las posibilidades de la reinterpretación, el propio autor conmina a ello.

Lily Kassner, hace también mención de las figuras fragmentadas, habla de lo fortuito de su origen y la cercanía que encuentra entre ellas y el Expresionismo alemán. Describe las propuestas ecuestres, las esculturas marineras (como designan las obras en las que Marín incluye canoas o embarcaciones); así como las piezas que representan una diversidad de personajes en plena acción de juegos circenses o gimnásticos, las que detalla y destaca sus cualidades. Casi al cierre de su ensayo se pregunta cuál ha sido la función de la escultura, hace un repaso de la historia de este género, habla de su función pedagógica o didáctica para ilustrar a las masas particularmente en el ámbito religioso, y hace mención de su papel ornamental.

La autora menciona entre los antecedentes de la producción de Jorge Marín, la estatuaria griega y  ejemplifica con la escultura el Auriga de Delfos (474, a. C.), uno de los pocos bronces griegos existentes, el que dada su verticalidad y cualidades técnicas del drapeado de la vestimenta ceñida al cuerpo por correas, asocia con algunas obras de Marín, y el Discóbolo (450 a. C.) cuya cualidad cinética y el extraordinario equilibrio, emparenta “con toda proporción guardada” subraya (p.150). Así también encuentra cercana la propuesta de Marín a Augusto Rodin y a su discípulo Antoine Bourdelle, y  declara la análoga intencionalidad subyacente entre Rodin y Marín y enfatiza en que “no obstante la sabiduría anatómica de la que hace alarde, sus figuras carecen de lógica en cuanto a proporciones, pues éstas sólo están justificadas por las exigencias de la emoción o el sentimiento correspondiente y las características psicológicas que plasmó, utilizando la dinámica del cuerpo humano según su propio criterio estético, para los fines artísticos que se propuso y logró ampliamente” (p.154).

En este sentido, agregaría, la perfección -matemáticamente hablando-, vuelve con frecuencia rígida e inexpresiva la representación pues relega lo emotivo que deriva de las aproximaciones y la intuición; razones (la perfección y la rigidez) de las que se desentienden las obras de Jorge Marín y que en tal ausencia los trabajos de este autor nacidos de la sagacidad, emocionan y generan empatía.

Es un texto amplio con muchos ejemplos y poco sustento, el que se ve debilitado también por las similitudes que propone entre el autor laureado y sus referentes que no convencen del todo, en el que pesa la plena identificación del crítico, su gusto y entusiasmo con la obra que analiza y ello reduce la visión neutral que dé cabida a las subjetividades también del lector; pero tampoco es obligado que sea de otra manera, el propio Jorge Marín anima a que sea el espectador el que asuma su responsabilidad interpretativa y con ello se justifica.

Y finalmente un excelente texto a dos voces escrito por Alesha Marcado y Javier V. Villarreal, que titulan: El instante perfecto, aludiendo al espacio urbano que da albergue a la obra de Marín y su correlación con él, y enfocan sus reflexiones en particular a cuatro obras, no a tres como menciona Alesha, en las que la escritora refiere “que despliegan algo íntimo abriendo la posibilidad a que las historias se multipliquen. [...] con capacidad de producir situaciones y lugares, y como tal, generar un entrecruzamiento de experiencias” (p.159). Obras que hablan de la transformación de los procesos creativos del artista, en las que encuentra “un gradual distanciamiento de los cuerpos angelicales y perfectos para tocar el alma a través de formas más humanas”, con las que reproduce, escribe la autora, un ambiente propicio para la contemplación y el disfrute del entorno urbano. En tanto que Javier Villarreal, considera que Jorge Marín aborda la calle “conformando obras que apelan a una estética conjunta entre símbolo y ciudad, un nuevo hábitat propicio para la imaginación, la indagación y el juego” (p.160). Insisten en su importancia como componente estático y estético de una urbe cambiante, en constante movimiento, obras que bien pueden leerse como remansos visuales, que seguramente, puedo suponer, atemperan la explosiva dinámica citadina y conminan a la reflexión.

Una de las obras: El ruido generado por el choque de los cuerpos (2016), compuesta por tres cuerpos  que permanecen de pie dentro de una embarcación cubiertos cada uno con telas a manera de un sudario que dibuja muy bien su figura y deja al descubierto los pies, generan incertidumbre, pues ocultan lo que ya sabemos y revelan desasosiego. “Esta obra, nos dice Villarreal, trasciende la habitual naturaleza ideal de los cuerpos que han dado fama a la obra de Jorge Martín” (p.164),  para acercarnos a una relación estética más apegada a lo sublime, entendido como aquello que estremece más allá de nuestros gustos.

Camino nuevo (2016), es una obra compuesta por una esfera y un ala. “Un ala postrada en el piso, refiere Alesha Mercado, puede no significar una derrota, simplemente tratarse de un nuevo comienzo” (p.171). Una obra incierta para Villarreal, “una ala completamente aterrizada, plantada, de la forma más literal, sobre la tierra” a manera de restos arqueológicos, como vestigios de un algo que fue y hoy es memoria, aferrada a no quedar en el olvido.

Balsa Tierra (2016), “Una obra de múltiples opuestos, refiere Villarreal, tierra, cielo y agua juegan simbólicamente en un mismo conjunto” (p.177), la balsa representa el agua, la tierra el hombre en cuclillas y el aire, al ser alado. “Tres instancias... […] tres distintas formas de tránsito y de habitar el espacio” (p.179).

Intercambio de contenidos (2016), “Aquí, apunta Alesha Mercado, hay un diálogo secreto […] aquí, se lleva a cabo un diálogo en muchos niveles: voz con voz, cuerpo con cuerpo y mirada con mirada. No hace falta decir mucho más” (p.183), y que según Villarreal, “apunta a lo fundamental del proceso de intercambio de comunicación, para llegar a entendimiento. […] la escultura media, simbólicamente, nuestras distancias internas: la balsa es nuestro cuerpo, un espacio que espera ser ocupado; los dos personajes, nuestras voces interiores que dialogan entre sí, se descubre, nos descubren, arrinconados en un espacio de nuestra mente.” (p.187).

Un libro en el que se hace el recuento de una parte de la amplia producción de Jorge Marín, en donde es posible detener la mirada y disfrutar las espléndidas reproducciones fotográficas con sus magníficos acercamientos que incitan al tacto, tal como seguramente sucedería al entrar en contacto directo con las piezas; una cualidad, por cierto, que le otorga la tridimensionalidad, así como el frío y eterno metal envejecido por las patinas. Singularidades que provocan, atraen y atrapan, cuerpos que con su atavío y antifaz comulgan con el misterio, tal se ha dicho; en donde la habilidad representacional lleva a la figura de la movilidad al equilibrio, de la contorsión a la lasitud, de las figuras que se yerguen casi hieráticas a las que contemplan en cuclillas; solitarias o en su conjunto siempre enigmáticas y silentes, que sólo encierran suposiciones, las que nacen de las inquietudes del que las contempla.

Obras que provocan los sentidos y emocionan, para eso están hechas; no hay en estas piezas intenciones de relatar hechos históricos, y toda narrativa que se desprende de ellas, cierto es que remiten a un juego de nostalgias, no son tampoco aforismos. Jorge Marín, se vale de la reinterpretación de los símbolos que ha manejado la humanidad por miles de años, así nos lo deja saber, y los reajusta para hacer un lenguaje propio de cada espectador (p.69).

Un libro esplendido, se ha dicho, pero que al ser presentado bajo la rúbrica de la gratitud, del regalo y esto como un gesto o una forma de democratización del arte, resulta un argumento con muy poco sustento para aceptar como válida tal premisa y no es para menos, pues quien patrocina: un organismo oficial de cultura y otro la Cámara de Diputados, provocan desconfianza, sobre todo este último gremio que ha dado muestras reiteradamente de su desconocimiento de la cultura, de su servilismo al partido que lo postula y no al pueblo a quien supuestamente se debe, de su actuar sin escrúpulos vendiéndose al mejor postor, haciendo del espacio oficial donde sesionan un chiquero en donde lo que predomina es exactamente la ausencia de democracia, y ante actos así, inexorablemente, se siembran dudas.

Una acción “generosa” que cuesta trabajo creer en su bondad y como consecuencia provoca interrogantes, los que van desde el hecho de quién y por qué se seleccionó a tal autor y no a otro u otros para una edición colaborativa (que a fin de cuenta resultaría más democrática). Un acto que por bien intencionado que sea resulta difícil entenderlo como tal, cuando se dice que hubo un tiraje de tres mil ejemplares, que para una acción masiva democratizante como se pretende, este número resulta menos que significativo. Un autor célebre y rico en su área ¿por qué habría de prestarse a este juego? que si bien es generoso resulta poco convincente en su pretensión.

Seguramente pensarán que siempre nos quejamos, que si ni nos dan, ¿por qué no nos dan, y si lo hacen ¿por qué lo hacen? y hay harta razón en ese reproche; más aún cuando el acto generoso de dar se ampara en la idea de la democratización, esto por ninguna razón debería cuestionarse, sólo agradecerse y divulgar la buena voluntad; pero cuando este accionar proviene de un donador poco usual y de dudosa reputación, que además, se lleva a cabo en circunstancias nacionales políticas, sociales y económicas críticas como las que vivimos en la actualidad, y cuando el descredito de estos organismos (ganado a pulso por ellos mismos) parece ser su condición natural; el regalo, aún cuando sea con la mejor intención del mundo, no dejará de causar suspicacias.

La cultura es un bien de todos y para todos, el arte cuando es patrocinado por organismos públicos también adquiere esas connotaciones y compromisos, nunca ha de ofrecerse condicionado pues de lo contrario sólo reluce la instrumentalidad del mismo y merma sus valores prioritarios.