Sunday, August 23, 2026


Raúl Choliet, escritor silencioso.

Un ser humano que prodigó amistad sin condiciones

 

Nos deja Raúl Choilet, escritor silencioso de la literatura tijuanense, y un ser dulce que supo cuidar las amistades desde el respeto y el reconocimiento del otro: algo inusitado en una fauna cultural proclive al individualismo, donde el éxito suele medirsee por los logros y la amistad por la conveniencia. Su partida deja un vacío enorme, en el sentido más humilde de lo que puede significar la amistad.

La vida cierra ciclos sin aviso. Raúl Choliet ha dejado este mundo para transitar, suponemos, hacia uno más justo. Viejo amigo, compañero del Taller de Literatura del CECUT/ICBC, cuyo centro de trabajo fue la antigua cafetería central del Centro Cultural Tijuana: un espacio de historial insuperable, rincón donde se compartían palabras e ideas, donde se fraguaban proyectos culturales y se cuestionaban autoridades incompetentes. La casa, en otras palabras, de la comunidad cultural tijuanense de los ochenta, los noventa y los primeros años de este siglo.

En ese espacio pleno de cultura, el Taller de Literatura ocupaba una de las mesas centrales cada sábado por la tarde, bajo la conducción del literato Jorge Raúl López Hidalgo, otro personaje inolvidable, a quien hemos mantenido en el olvido. A este lugar llegaba Raúl Choilet, con su andar pausado, su eterna sonrisa, silencioso, introvertido al principio, observador acucioso y perspicaz a más no poder. Allí comenzó, he de suponer, su aventura con las letras. Allí escuchamos y se diseccionaron sus primeros poemas. Allí inició un camino que llevaría a buen puerto, publicando su imaginario creativo en poemarios y cuentos: obras que revelaban a un escritor que partía de sus inquietudes más íntimas para mostrarlas y obsequiarlas al mundo, sin nada a cambio, más que la gratitud de haberlas leído.

Ya no está con nosotros. Y es doloroso constatar que muy poco de su obra circula en el medio. Es probable que la mayoría de quienes hoy participan en este ámbito digital no hayan leído ni siquiera oído hablar de este gran tijuanense, quien escribió con determinación, desde su condición, sin pedir concesiones ni permisos a nadie. Construyó su sueño con sus propios recursos y le demostró a la institución que los anhelos se cumplen cuando la voluntad es firme.

-Toca a las autoridades culturales recapitular sobre esto, recabar lo escrito y publicado, y homenajearlo como lo que fue: un ejemplo de que la escritura no requiere salvoconductos. -

Escribo esto porque nunca podré pagar su gratitud, su distinción para conmigo, a quien siempre reconoció con afecto por el hecho de haber comenzado, junto con otros autores, a sentirnos escritores en aquel rincón del Centro Cultural Tijuana. Para mí fue, quizá, la muestra más desprendida y valiosa de quien nunca buscó otra cosa más que la reciprocidad de la amistad.

Descansa en paz, amigo. Seguro que siempre te seguiremos viendo, escribiendo solitario, silencioso y entusiasmado en alguna mesa del viejo Sanborns de Plaza Río.

Roberto Rosique


 

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