Thursday, May 07, 2026

Manuel Cruces© / La contaminación en la orilla de una sección en la parte sur de la playa Malarrimo

Paraíso en desventura: retratos de nuestra indolencia 
 (La fotografía documental de Manuel Cruces Camberos) 

 “La imagen captura lo que preferimos ignorar: el aire envenenado, el agua herida, la tierra exhausta. Es espejo de nuestra indiferencia, memoria visual de una culpa compartida.” 

La fotografía documental constituye uno de los lenguajes más poderosos para registrar y denunciar la realidad contemporánea, funcionando como un testimonio visual que trasciende barreras culturales y lingüísticas. Su relevancia radica en su capacidad para capturar momentos auténticos, transformando lo efímero en evidencia permanente y generando empatía donde las palabras a menudo resultan insuficientes. Como señala Susan Sontag (2006)[1], la fotografía no solo documenta la realidad, tambien la interpela, convirtiéndose en un artefacto que obliga al espectador a confrontar aquello que preferiría ignorar.

En un mundo saturado de información, una imagen bien construida logra detener la mirada, provocar reflexión y, en el mejor de los casos, impulsar acciones concretas. El fotógrafo documental observa, selecciona, enmarca y contextualiza, asumiendo una responsabilidad ética tremenda al decidir qué historias merecen ser contadas y cómo deben presentarse al público.

Esta dimensión ética es particularmente relevante en el contexto de la fotografía ambiental, donde, como argumentan Sidney Dobrin y Dean Morey (2009),[2] la construcción visual de la naturaleza tiene efectos materiales directos sobre cómo tratamos el entorno, pues nuestra

Manuel Cruces© / Paisaje natural costero cerca de playa Malarrimo.

 

comprensión del medio ambiente se ha desarrollado dentro de una cultura que ve y entiende la naturaleza a través de imágenes.

Precisamente en el registro de nuestra negligencia con la naturaleza y nuestra indiferencia ante la contaminación, la fotografía documental adquiere una urgencia incuestionable. Imágenes de océanos saturados de plástico, bosques reducidos a cenizas por la deforestación o comunidades afectadas por vertidos tóxicos no permiten que el espectador se distancie cómodamente del problema.

Esta disciplina convierte lo abstracto —como las estadísticas sobre calentamiento global o la pérdida de biodiversidad— en realidades tangibles y emotivas que exigen una respuesta. Como sostiene Rob Nixon (2011)[3] en su concepto de "violencia lenta", muchos daños ambientales son imperceptibles en el corto plazo, y es precisamente la fotografía la que puede hacer visible esta destrucción gradual que de otro modo pasaría desapercibida. Cuando documentamos con honestidad el daño que causamos al planeta, la fotografía se convierte en un espejo incómodo que refleja nuestra complicidad colectiva, desafiando la indiferencia y recordándonos que cada paisaje devastado es, en última instancia, un retrato de nuestras decisiones como especie.

Manuel Cruces Camberos (Tijuana, Baja California, 1960), dirige su cámara al objetivo y registra uno de los espacios más emblemáticos de la península de Baja California: la Laguna Ojo de Liebre, santuario de la ballena gris, lugar de apareamiento y nacimiento que forma parte de la Reserva de la Biosfera de El Vizcaíno. Pese a su protección como reserva invaluable, su ubicación geográfica hace casi imposible una protección efectiva: las corrientes marinas arrastran constantemente todo tipo de objetos desechados por el ser humano que, desde las calles y arrastrados por las lluvias hacia los ríos, terminan contaminando el mar. A esto se suman los desechos de las plantas de las compañías explotadoras de sal que marcan la extensa playa de Malarrimo, contigua a la laguna citada, convirtiéndola también en el destino final de estos residuos.

La fotografía documental de Manuel Cruces, en esta muestra, se convierte en un recurso necesario para señalar los equívocos de una sociedad absorta en vivir con prisa, consumir desaforadamente y contaminar como consecuencia de su actuar negligente. En su análisis de la retórica visual del activismo ambiental, Keiven M. DeLuca (1999),[4] plantea que las imágenes funcionan como "eventos" discursivos propios que subvierten la lógica mediática dominante y promocionan comprensiones retóricas específicas sobre los movimientos sociales. En este sentido, el trabajo de Manuel, además de documentar, interpela activamente al espectador, rompiendo la comodidad de la indiferencia.

La exposición La desventurada contaminación de un paraíso, presentada en el Pasillo de la Fotografía "Vidal Pinto" del CECUT, da cuenta de estas calamidades mientras señala, en algunas imágenes, el esplendor de la naturaleza y, en la siguiente, su contaminación consecuente: una manera sutil y franca de evidenciar nuestro actuar indiferente ante la responsabilidad que implica preservar nuestro entorno. Manuel supo combinar las imágenes y enganchar al espectador para reconocer nuestras irresponsabilidades.

Esta estrategia visual responde a lo que Liz Wells (2011)[5] identifica como la función de la fotografía de paisaje contemporánea: si bien representa la naturaleza, revela con claridad las relaciones de poder y las prácticas humanas que la transforman. El contraste entre la belleza primigenia y su degradación funciona como lo que Finis Dunaway (2005)[6] denomina el "sublime ecológico": una respuesta estética postmoderna que no idealiza la naturaleza, sino que expone su vulnerabilidad frente a la intervención humana.

 

Manuel Cruces© / Ballena con soga atada a la cabeza en la Laguna Ojo de liebre.

 

 

Cabe reconocer el valor denunciante de la obra y el testimonio de una espléndida naturaleza, dos abordajes que dejan ver la mirada atenta del autor, quien con un registro pulcro y encuadres claros deja constancia también de su conocimiento del oficio fotográfico; cualidades que exigen que la fotografía ambiental efectiva requiera tanto rigor técnico como compromiso ético, pues su objetivo no es únicamente informar, es movilizar conciencias; por tanto, la pulcritud técnica de Manuel Cruces no es, un mero virtuosismo formal, aquí resulta una estrategia retórica que otorga credibilidad a su testimonio visual.

En tiempos de incertidumbre, de negligencias sociales y de enorme apatía por el cuidado del entorno, La desventurada contaminación de un paraíso, de Manuel Cruces Camberos es un duro golpe a nuestro actuar indolente y un reconocimiento al olvido de nuestras responsabilidades. La fotografía puede, además de hacer visible la realidad existente de la contaminación, también iniciar una forma de subjetividad democrática participativa, permitiendo que las demandas del artista se vuelvan visibles y, con ellas, las de la naturaleza que documenta. El proyecto de Manuel, en última instancia, es un registro de un paraíso en desventura, al tiempo que se convierte en un llamado a la responsabilidad colectiva frente a la crisis ambiental que hemos provocado.

 

 

Manuel Cruces© / Atardecer en el refugio de aves, Guerrero Negro.

 

 

 

 

 

Roberto Rosique ha desarrollado una trayectoria multidisciplinaria que combina la práctica artística, la investigación y la docencia. Es Médico General, con especialidades en Pediatría y Oftalmología Pediátrica, además de Licenciado en Artes Plásticas. Obtuvo el grado de Maestro en Docencia y el de Doctor en Pedagogía Crítica. Ha expuesto su obra en México y el extranjero, y es autor de esculturas urbanas emplazadas en diversas ciudades, entre ellas Tijuana (2004), Toluca Es Maestro Fundador de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Baja California (2003), docente de materias teóricas de la misma institución, curador independiente, Investigador en artes y Coordinador General de la Trienal de Tijuana: 1  Internacional Pictórica (2021) y su segunda edición (2024). Investigador SNII, Nivel 1
Como crítico y ensayista, ha publicado una decena de libros y artículos académicos centrados en la cultura artística de la región fronteriza, de entre ello destacan:

_Voces discrepantes del arte de Baja California (2026). Premio “Ensayo”, Premios Estatales de Literatura, Secretaria Estatal de Cultura/ ICBC

_Entre réplicas, condescendencias y originalidad. El arte en Tijuana y su devenir. (2026) (Selección anual del libro universitario (UABC)

_Salvador Magaña. Del juego de las formas a la síntesis. (2019). Fondo Regional para la Cultura y las Artes Noroeste. Secretaría de Cultura / ICBC

_Los 70s. Un periodo imprescindible de la plástica en Tijuana, (2017). UABC (Selección anual del libro universitario (UABC), Tirant to Blanch Editorial.

_De aquellos paramos sin cultura… Tres décadas de arte bajacaliforniano: de lo retiniano a lo conceptual (2016) CECUT, ICBC.

robertorosique@uabc.edu.mx   /   robertorosique@gmail.com



[1] Sontag, S. (2006). Sobre la fotografía. Alfaguara. (traducción de Carlos Gardini, revisada por Aurelio Major)

[2] Dobrin, S. I., & Morey, S. (2009). Ecosee: Image, rhetoric, nature. State University of New York Press.

[3] Nixon, R. (2011). Slow violence and the environmentalism of the poor. Harvard University Press.

 

[4] DeLuca, K. M. (1999). Image politics: The new rhetoric of environmental activism. Guilford Press.

[5] Dunaway, F. (2005). Natural visions: The power of images in American environmental reform. University of Chicago Press.

[6] Wells, L. (2011). Land matters: Landscape photography, culture and identity. I.B. T


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