Thursday, May 07, 2026



Memoria desde la permanencia: diálogos insulares

 

“Construir memorias sin desarraigo”

R. Rosique

De Cuba a Tijuana, un tránsito que dejó de ser extraño para nosotros cuando de cultura se trata, pues la movilidad de los artistas, aun cuando responde a circunstancias históricas y personales diversas, ha ido tejiendo una red de presencias que nos permite reconocer en este espacio fronterizo un punto de encuentro donde confluyen memorias, lenguajes y sensibilidades. El arribo de creadores cubanos, aunque no ha sido masivo, ha resultado lo suficientemente constante y significativo como para mantenernos atentos a las exploraciones plásticas de algunos de sus representantes, quienes, al trasladar temporalmente su universo creativo a esta geografía, nos ofrecen la posibilidad de dialogar con una tradición insular que se expande más allá de sus límites geográficos y se abre a la experiencia compartida de la frontera.

En esta ocasión, la visita de José Antonio Hechavarría Rívas (Camagüey, Cuba, 1967), destacado artista visual, escritor y profesor de arte, junto con Luis Garzón (Santiago de Cuba, 1963) —artista y tambien docente, avecindado tiempo atrás entre nosotros— ofrecen una muestra significativa de su vasta producción.

Se trata de una muestra de creadores ligados por una fraternidad artística y vital que hunde sus raíces en las juventudes y experiencia formativa compartidas en su tierra natal, se reencuentran ahora en este espacio conspicuo de la frontera norte para, en un canto a dos voces que se expande más allá de lo meramente testimonial, mostrarse desde la densidad de sus vivencias compartidas, desde la memoria que los une y desde la persistencia de una sensibilidad que, aun atravesada por geografías distintas, conserva intacta la raíz común de la isla.

De las obras que componen el enjambre plástico de José Antonio Hechavarría, se imponen dos series que narran desde una mirada amplia empeños y preocupaciones; de esa manera, sorteando el vacío suma formas, líneas  y ante una explosión de colores, revelan un universo personal sobrado de anhelos y tensiones; componentes que se sobreponen a la nostalgia para abrirnos a otras derivaciones.

Las series Mosaicos eclécticos y Nocturnas, constituyen dos registros de una misma operación: la construcción de memoria desde la permanencia. Lejos del exilio, el artista habita la isla y desde ella proyecta una poética que dialoga con tradiciones remotas sin necesidad de desarraigo.

En Mosaicos eclécticos, Hechavarría  articula una síntesis visual que trasciende la mera yuxtaposición estilística: bajo la apariencia de códigos cubistas —la geometrización de objetos y la carencia de perspectiva— operan alusiones al arte clásico y al derivado del Oriente antiguo que funcionan como estratos de memoria cultural. El ojo inamovible que el autor mantiene presente en cada obra constituye el núcleo simbólico de la serie, esto es, la alusión directa a las creencias populares del folklore insular caribeño —donde la mirada protege y vigila— y simultáneamente evoca la simbología de los petroglifos egipcios, donde el ojo es conocimiento y permanencia. Esta doble filiación —lo afrocubano y lo faraónico— no es eclecticismo decorativo, es operación de sentido: el ojo que todo lo ve se convierte, en la figura del exiliado o del desarraigado, en memoria que no cede, presencia que persiste a pesar de la distancia geográfica. La geometría cubista, lejos de ser mero formalismo moderno, se convierte en armadura que sostiene estos significados

 

 

La barca infinita (2019) – serie Mosaicos eclécticos- / Acrílico y pastel sobre lienzo, 105 x 80 cm

 

 

arcaicos, haciendo de cada obra un dispositivo donde el pasado remoto y el presente migrante dialogan en condiciones de igualdad.

La serie Nocturnas de Hechavarría Rivas concentran en formatos pequeños una poética de la memoria insular donde rostros femeninos y símbolos contextuales operan como dispositivos de resistencia contra el olvido. La nocturnidad no es únicamente escenario atmosférico, es también condición epistemológica que altera la percepción: la luz reducida exige lentitud, la proximidad física obliga a la intimidad, y en ese espacio de vigilia forzada emergen presencias que el día dispersaría. Los rostros de mujeres no son retratos individuales son figuras arquetípicas que sostienen la memoria colectiva del Caribe, evocando —como señala Maurice Halbwachs (2004)[1]— los marcos simbólicos donde la identidad se articula; mientras que flores, pájaros y elementos marinos funcionan como metáforas condensadas de una geografía que ya no se habita pero que persiste en la densidad del aire tropical.

Esta operación visual elude la nostalgia documental para ejercer, siguiendo a Paul Ricoeur (2004),[2] un compromiso ético con el pasado: mantener presente lo que de otro modo se disolvería. El formato reducido es así elección política contra la monumentalización del arte latinoamericano, exigiendo tiempo y cercanía como contraparte a la urgencia espectacular; en

 

Sin título (2009) -serie Nocturnas- / Acrílico sobre lienzo, 60 x 50 cm

 

última instancia, las Nocturnas son archivo de la vigilia, memoria pintada que habita la penumbra sin clamar luz.

Leídas conjuntamente, ambas series revelan la doble condición de la mirada cubana: la necesidad de construir identidad pública —el mosaico, el ojo que exhibe su complejidad— y la urgencia de preservar afecto privado —la nocturnidad, el rostro que vigila. Una sin la otra sería incompleta: solo el mosaico caería en exhibición cosmopolita, solo la noche en introspección incomunicada. Juntas, son archivo de una experiencia que el arte latinoamericano frecuentemente malentiende: la del creador que permanece, que desde la isla construye diálogo con tradiciones globales sin ser consumido por ellas, que pinta para que la memoria insular no se diluya en el olvido ni en la nostalgia fácil.

 

 

Roberto Rosique

Tijuana, B. C.,  primavera, 2026

 

 

 



[1] Halbwachs, M. (2004). La memoria colectiva (Trad. I. González). Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza.

[2] Ricoeur, P. (2004). La memoria, la historia, el olvido (Trad. A. Neira). Madrid: Editorial Trotta.

 

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