Sunday, September 08, 2024

 



Entre lo efímero, lo infinito y la memoria, herramientas para tejer una imaginación razonada.

A propósito de Dibujos en el agua de Luis Camnitzer.

 

Roberto Rosique

robertorosique@gmail.com

 

 

Los procesos creativos parecen surgir de la nada, pero esa nada está nutrida por algo: un pasado o presente que, aunque imperceptible o intangible, ocupa un lugar en el pensamiento. Este espacio cognitivo, donde residen las ideas, es la sustancia etérea de toda creación.

Además, transformar lo aparentemente trivial en algo complejo revela la habilidad del creador para encontrar y comunicar conexiones más profundas, enriqueciendo tanto el arte como la comprensión del espectador. Este enfoque permite descubrir nuevas perspectivas y significados, mostrando que todo tiene el potencial de ser reinterpretado y elevado a un nivel superior de comprensión y apreciación.

Lo fascinante del proceso creativo reside en su capacidad para concretarse plenamente cuando la idea es comprendida o reinterpretada por otra persona. Este proceso, que está inevitablemente mediado por la exégesis y el pensamiento crítico, transforma al observador tradicional, que normalmente solo contempla, en un cómplice y, en última instancia, en un coautor de la obra.

Dibujos en el agua (2012), una instalación de Luis Camnitzer (Lübeck, Alemania, 1936), compuesta de una oxidada palangana con agua (26 cm x 8 cm, ø), que es el soporte en el que se realizan los dibujos efímeros; una repisa con 44 botellas de cristal (8 x 28.5 cm, ø), con etiquetas blancas de borde rojo, numeradas sin ningún orden particular que contienen cantidades variables de agua y donde archivan cada uno de los dibujos elaborados en la palangana, y 5 textos impresos y enmarcados (30 x 42.5 cm, c/u) que ofrecen acercamientos diversos a la obra desde la libertad creativa que descarta límites y sus infinitas posibilidades distintivas, hasta la vulnerabilidad de la memoria al depender de la inestabilidad del agua, incluso, su posible pérdida o evaporación.

Una obra múltiple que sobrepasa los límites y a través de lo posible busca hacernos cuestionar lo establecido, poner en la misma línea la ficción y la realidad, representar el instante en lo eterno, lo fugaz en lo permanente en donde se pueden desprender igualmente, una infinidad de interpretaciones convirtiendo al que observa, también en otro autor.

Me acercaré a las ideas de Camnitzer a través de un texto breve, publicado en Umática, Revista sobre Creación y Análisis de la Imagen titulado de manera homónima Dibujos en el agua, (2022).[1]  Dividido en seis apartados que se interconectan a través de la metáfora de la palangana con agua, que funciona como un símbolo multifacético con el que aborda temas como la memoria, el olvido, el arte, la historia, y la percepción.

Luis Camnitzer, en el resumen de su propuesta, sugiere que los archivos históricos, aunque valiosos, corren el riesgo de desaparecer si no se organizan y etiquetan adecuadamente, destacando la importancia de preservar la historia para evitar que se pierda con el tiempo.

En el primer apartado, la palangana simboliza la mente o la imaginación, donde las ideas (dibujos) se gestan. Señala que la creación es un proceso frágil que requiere precisión y memoria, proponiendo la naturaleza efímera y exigente de las evocaciones. El autor expresa una sensación de insuficiencia frente a la perfección requerida, aunque también le asombra la cantidad ilimitada de ideas que pueden surgir.

En el segundo apartado, la palangana se convierte en un espacio secreto, donde la creatividad es libre de juicio o censura. Esto alude al carácter privado y personal de la memoria, que puede ser difícil de observar o interpretar desde el exterior. Está subyacente también en esta idea la metáfora del agua como un espacio de libertad creativa donde las acciones no dejan rastro, simbolizando el supuesto de que las ideas y pensamientos pueden surgir y desaparecer, pero el proceso creativo es un espacio seguro y confidencial.

En el tercer apartado, introduce la idea de la disolución de los dibujos como una analogía con la homeopatía, cuestionando si la inmaterialidad del arte (y, por extensión, de la memoria) puede tener un efecto más poderoso por su sutilidad, lo cual refleja la idea de que los recuerdos difusos o fragmentarios pueden tener un impacto profundo.

En el cuarto apartado, al reforzar la idea de la memoria como algo delicado, sugiere que la pureza de los recuerdos (dibujos) debe preservarse sin contaminación, destacando la necesidad de etiquetar y describir, es decir, organizar y proteger estos recuerdos para mantener su integridad.

En el quinto apartado, la palangana refleja la realidad y almacena estas imágenes indefinidamente, lo que conecta con la idea de que estamos rodeados de memorias y experiencias (archivos históricos) que necesitan ser protegidos y documentados para evitar el olvido, aquí simbolizado por la “evaporación”.

Finalmente, en el sexto apartado, se propone que el arte (y la memoria) puede(n) presentarse de manera simple, reduciéndolo a etiquetas que ocultan su complejidad. Esto critica la tendencia a simplificar la memoria o el arte para su consumo, evitando el enfrentamiento con su verdadera profundidad y posibles implicaciones.

En síntesis, Luis Camnitzer explora la relación entre la memoria, el arte, y la historia a través de la metáfora de la palangana con agua. La palangana es un espacio de creación, reflexión y preservación, pero también de fragilidad y riesgo de pérdida. El agua, como símbolo del flujo y la impermanencia, refleja la naturaleza volátil de la memoria y el arte, que requieren un cuidado meticuloso para evitar su evaporación o simplificación excesiva. En conjunto, los párrafos sugieren que tanto el arte como la memoria necesitan ser cuidadosamente protegidos y organizados, pero también advierten sobre los peligros de simplificarlos demasiado, ya que esto puede diluir su verdadero impacto y significado.

Aunque tradicionalmente el dibujo se entiende como una forma concreta que articula el pensamiento, en esta obra de Camnitzer ese principio se invierte. Aquí, el dibujo no existe físicamente; solo toma forma en la mente del espectador. Es decir, aunque el acto de pensar no es solo un proceso abstracto o mental, sino que suele manifestarse en formas perceptibles, en esta obra el pensamiento sigue siendo capaz de crear formas, pero estas se manifiestan tanto en el mundo tangible como en el intangible, sin necesidad de una representación física directa.

Luis Camnitzer de la aparente simpleza entresaca una idea que va conformando desde la lógica de las argumentaciones sólidas, de tal manera que, entre lo efímero, lo infinito y la memoria, anima al espectador a tejer una imaginación razonada, combinar la conciencia de lo transitorio (lo efímero), la contemplación de lo eterno (lo infinito), y la referencia a lo vivido (la memoria), se puede construir una suerte de imaginación que no es solo creativa, sino también reflexiva y profundamente conectada con la realidad y la experiencia humana.

Invita al que observa a cavilar para encontrarle sentido al aparente sin sentido, y si bien este recurso no es una manera atractiva para aquel que espera del arte un objeto colmado de belleza, o una alegoría sobre un hecho sensacional o una recriminación sobre las intransigencias; es una faceta en la cual lo creativo que nace del impulso, de la ocurrencia o de la exégesis, por muy elemental que sea el eje de la idea, fomenta otras alternativas discursivas en el arte que vistas con justicia —sin duda— resultan  también inestimables.

 

 

 

 

 

 



[1] Camnitzer, Luis (2022). Dibujos en el agua. Umática. Revista sobre Creación y Análisis de la Imagen, 5. https://doi.org/10.24310/Umatica.2022.v4i5.15919

 


 


Monday, May 08, 2023

Se amplia el plazo del cierre de recepcion deproyectos TP2IP

 


La Trienal de Tijuana: 2 Internacional Pictórica, es uno de los eventos más relevantes de los últimos tiempo en nuestra entidad, como lo es del Norte del país y de la Nación, aunque exista reticencia para reconocérsele; lo  cierto es que nos representa ante el mundo y devela nuestra capacidad de imaginar cosas diferentes en el arte, que abra alternativas a un nuevo modelo de concurso y desoye reglas coercitivas para facilitarle la oportunidad al artista a crear con entera libertad; con el agregado de ofrecer uno de los premios más importantes jamás visto en nuestro país.

La Trienal de Tijuana es un parteaguas que debemos aprovechar para mostrar en ella nuestra enorme capacidad creativa.

Ampliar la fecha de recepción es una decisión atinada y generosa de la institución buscando incentivar aún más los procesos creativos

PARTICIPA


Friday, October 28, 2022

APATIA: un saco que le viene a cualquiera



UN SACO QUE LE VIENE AL QUE QUIERA:

La apatía, esa indiferencia ante cualquier estímulo o situación que acontece devela la cara oculta de la sonrisa falsa que ponen cuando hay un saludo de por medio, en tanto detrás de la simulación encubre una indolencia encabronada, hay un importamadrismo soberbio, una penosa abulia por reconocer la otro; sin embargo, la apatía desaparece cuando el apático sufre un percance o es removido de su cargo o no encuentra respuesta a su solicitud de auxilio; entonces sí, el mundo se le muestra de cabeza y esa soberbia que no cabía en su pecho se vuelve consideración, reconocimiento y lambisconería.

 

Wednesday, October 26, 2022

LA CULTURA NO NECESITA DE COLORES PARTIDISTAS PARA EJERCERSE, MENOS DE INCULTOS PARA DIRIGIRLA

LA CULTURA NO NECESITA DE COLORES PARTIDISTAS PARA EJERCERSE, MENOS DE INCULTOS PARA DIRIGIRLA

Roberto Rosique

Una de las características de los gobiernos a lo largo de la historia, con sus excepciones, por supuesto, ha sido el desconocimiento de la importancia que tiene la cultura para el ser humano, la anosmia cultural de estos representantes y sus gerencias suele ser el fruto de la magra o ausente educación artística en el transcurso de su vida; formados dentro de una educación acrítica -que para el caso la nuestra cae como anillo al dedo-, una instrucción malamente informada respecto al arte, si acaso adornada de míticas historias oficialistas que a nadie le interesa develar, pues resulta suficiente repetir nombres que alcanzaron la fama sin saber a ciencia cierta por qué, sin que aparentemente tenga importancia la veracidad o falacia que los arropa; basta rumiar estas historias culturales como condición común para sentirse del todo satisfecho. Culturoso.

El político mexicano suele ser un personaje que se amolda muy bien a estos modelos y encontraríamos inconexa su conducta si externara el gusto (que aun cuando puede ser irrelevante por lo personal) argumentándolo con suficiente congruencia, seguro le resultaría algo asertivo para el que lo escucha y fincaría expectativas de esperar mejores resultados en su administración y aunque esto sería la excepción que fractura la norma, siempre hay la ilusión de que ese que preside contenga algunas de esas cualidades; tal vez la peculiaridad que los describe con harta precisión como cínicos, corruptos e ignorantes -con sus diminutas excepciones, por supuesto- pueda paliarse con la cultura; tal vez.

Comento todo esto por los acontecimientos de los últimos días (iniciado muchos meses -sino que años- atrás) dentro de administraciones pasadas y la actual alcaldía, y en particular por quienes últimamente han tomado las riendas del Instituto Municipal de Arte y Cultura que han llevado a esta triste institución a la opacidad y al escándalo (por más que se oculte o se ignore); en donde ha prevalecido el otorgamiento de plazas directivas por el amiguismo, por la deuda política pendiente de saldar, por el compadrazgo tan común en nuestra sociedad coctelera, que ha resultado lo mismo si quien queda a cargo, sea un personaje ajeno en lo absoluto a la cultura, -con sus honrosas excepciones[1]- o que para colmo ni siquiera le interese y acepta por el cheque quincenal mientras espera agazapado detrás del escritorio la oportunidad para saltar a otro curul no importa de cual se trate; al fin y al cabo, lo hechizo es otra particularidad de este mexicanismo ramplón que suele ocultar o suplir a la ignorancia por la ocurrencia.

Atrás de todo este circo emprendido por quienes no están interesados en la cultura hay basura, mucha basura, no únicamente la prepotencia típica del iletrado, el ensoberbecimiento que lo lleva al acoso sexual o de cualquier índole, sino el importamadrismo por destruir la institución cultural y no pasa nada; será hasta que hilo truena por tanto jaloneo que algunas voces desafían a costa de su trabajo, de su prestigio, de su forma de vida esa autoritaria administración, para exigir la revisión del caso, para demandar que se investigue y se sancione a quien resulte culpable; pero de nuevo no pasa absolutamente nada.

Se encubren entre ellos, se solapan, dicen investigar y no lo hacen, le dan largas al asunto, una medida política efectiva porque cansa y harta; los ignoran, los amenazan o los corren, y por si fuera poco la comunidad cuando se entera en las “benditas” redes sociales, solo le dan like al asunto y sanseacabó. Finalmente, pensamos -aun cuando no queremos reconocerlo- que esto no me está sucediendo a mi o por alguna justificada razón les sucedió a ellos, o sencillamente porque nos vale un comino lo que al otro le acontece mientras a nosotros no nos suceda nada. La cultura del avestruz suele también ser otra característica de nuestra culturosa sociedad y no nos interesa que pienses diferente, primero yo y luego yo.

Sin embargo, también esta condición de irrestricta apatía cansa, y tiene que ser, pues es difícil imaginar una “sociedad individual”; necesitamos escucharnos y escuchar al otro, darnos la mano cuanto sea necesario y no solamente durante las exposiciones o los convivios culturales, y no importa que no nos interesen esas pasarelas y no acudamos a ellas, desde el rincón del taller, de la oficina, del estudio se puede también opinar, emitir tu juicio de valor o dar la cara y en este caso en particular, apoyar a los desplazados, a los acosados y vilipendiados trabajadores del IMAC que son igual a nosotros, creadores que por necesidad les tocó trabajar en esta institución fantasma de la que no queda ni un ápice de aquella que imaginó Leobardo Sarabia y que todos supusimos daría la cara ante el Cecut y el ICBC pues era nuestra casa a quien representaba.

Apoyémoslos no únicamente por lo relevante que resulta el que se cumplan sus demandas que son justas, exijamos el respeto a la autonomía institucional, mejores condiciones laborales, derecho a la antigüedad, salarios dignos y presupuestos suficientes destinados a la enseñanza y promociones culturales que son el espíritu y razón de esta institución, que debe ser ejemplo de espacio digno y transparente donde se forja el respeto y la esperanza.

Démosle todo el apoyo a nuestros compañeros y exijámosle a la administración gris municipal cuentas claras y castigo a los culpables y que deje de ver a la cultura o la institución como trampolín político partidista; esa condición nos tiene hasta el copete, la hemos vivido una y otra vez, administración tras administración, priista, panista o morenista; la cultura no necesita colores ni adjetivos de esa naturaleza para seguir siendo indispensable, la fuerza moral de la misma debe prevalecer como ejemplo del cambio que tanto necesitamos.

¡Basta de verdad!, ha sido suficiente. El imperio del cinismo, de la corrupción y la ignorancia no debe ser la bandera de nuestro espacio cultural.



[1]  Elsa Arnaiz, Elizabeth Algrávez, Tere Riqué, Haydé Zavala, Minerva Tapia


 

Friday, September 16, 2022

concientizacionsubliminal


Hoy (16 de septiembre, 2022) leí un anuncio para suscribirse a la revista Selecciones del Reader's Digest, aquella vieja revista que encontrábamos hasta en el baño de cualquier familia mexicana o del mundo occidental que no hacía nada más que mentirnos de que en el capitalismo estaba el futuro del progreso humano y no se cansaba de repetir directa o subliminalmente qué el paraíso se encontraba en el American way of live. 
Una revista pequeña, manipulable de hojas frágiles, satinadas con imágenes bellas a color, Repleta de temas sensacionalistas, anodinos y perniciosos dónde el blanco siempre fue la estrella que ayudaba al mundo, en tanto el negro lo pregonaban cómo una mácula incómoda y los latinos epopéyicos y folclóricos apenas brillaba de ellos el exotismo, que debían replicar la cultura gringa para aspirar a ser mejores. 
La cultura como recurso colonialista siempre ha surtido efecto y está inocente revista moldeó inocentes conciencias creyendo siempre en su información tergiversada, la que como panacea consumimos bajo la anuencia inocente de nuestros padres que se sentía satisfechos por estar suscritos a la culturosa revista . 
La inocencia, al igual que la ignorancia se presta a canjear bisutería por oro, y tal vez lo incomprensible es que en pleno siglo XXI sigamos consumiendo tal basura. 
Eso no es ironía, parece más bien masoquismo y amor por consentir que nos sigan viendo la cara de pendejos...

 

Friday, September 02, 2022

Querida Beatriz, leer tu nota hace imposible esconder la cara y no decir lo que pensamos y sentimos.


Querida Beatriz, leer tu nota hace imposible esconder la cara y no decir lo que pensamos y sentimos.
Transitamos sobre el primer tercio del siglo veintiuno y algunas forma de pensar y actuar en ciertos personajes de la sociedad, lideres de asociaciones culturales o sociales (además) te remiten inevitablemente a oscuros periodos medievales, tal es el caso del señor Daniel Gerardo García Valenzuela coordinador operativo del Consejo Cultural Ciudadano de Sonora (a quien no conozco ni me interesa conocer) quien pide, a través de un documento titulado preocupadamente: “Por el bien de la cultura sonorense” firmado por el Consejo Cultural referido, la destitución del cargo que desempeñas como directora del Instituto Cultural Sonorense por “padecer de una delicada y peligrosa enfermedad” y que desde un acto benevolente solicita te separes del cargo pues desde su óptica médica “requieres de reposo y atención permanente, rogándote […] continúes tu tratamiento especializado como debe hacerse en estos casos por el bien de su salud…”. Una acción que bajo la aparente buena voluntad, sin un argumento con sentido, pide desaforarte del cargo. Un acto que es difícil no etiquetar de canalla y oportunista.
Es un texto que requiere guardarse en los anales de las estupideces del hombre; una penosa petición que deja toda lógica de humanidad fuera, y por lo que se lee, no tiene argumentos para invalidar tu función pública, por ello -suponemos- recurre a esa lógica intolerante e insensata; no podría entenderse otras intenciones pues una persona que, pese a su condición de salud que vivió, de haber cursado por uno de los momentos más difíciles de la vida y haber superado toda la odisea de un tratamiento invasivo y brutal, demuestra en su convalecencia un alto grado de responsabilidad para continuar cumpliendo con la responsabilidad contraída con la comunidad cultural y la comunidad sonorense en general; es imposible no verlo como un acto memorable que demuestra la fortaleza de ser humano, de mujer comprometida; la que habría de aplaudir y reconocerse en su entrega como servidor público. No hay razón alguna para no reconocer tu entrega y no hay justificación -ninguna- para aceptar las lógicas convenidas, misóginas de este personaje que no comparte tu forma de pensar y actuar y bajo una aparente preocupación solicita tu desafuero. Tiempos medievales decía a un ´principio donde los raciocinios atávicos necios y rancios se oponen al cambio., sin importar más que sus intereses mezquinos.
Sonora es inmensamente importante porque se ha opuesto a consignas históricas fundamentales para la vida nacional de ahí que el capricho de este personaje para inhabilitarte, seguro es leído como un acto desesperado que no considerarán de importancia. Eres un gran ser humano una excelente escritora y fundamental poeta que se responsabilizó por promover la cultura de su Estado y que antepone lo que sea por cumplir con el compromiso contraído. Qué más quieren.
Amiga querida, este episodio inconcebible, además de ridículo, es el fruto de aquellos que siguen pensando que el pasado fue mejor porque pudieron saquear al país y que hoy las cosas han cambiado y optan por lo inverosímil para descalificar. Tu figura es mucho mas grande que lo que ellos imaginan. Estamos siempre contigo.
Roberto Rosique (Tijuana, B.C.)
(Tijuana, B. C.)


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Friday, August 12, 2022

HASTA PRONTO QUERIDA MARTA


HASTA PRONTO QUERIDA MARTA
Los golpes que da la vida no siempre vienen solos, los vemos tristemente acompañados de otras penurias, en uno de los momentos más ríspidos de inseguridad social en nuestro estado, copados de violencia desmedida por venganzas del mafias del crimen organizado nos deja Marta Palau, esa enorme creadora bajacaliforniana nacida en Albesa, Lérida, España en 1934 Premio Nacional de las Artes y reconocida internacionalmente por su obra sin precedentes y sus aportaciones invaluables en la promotoría del arte regional.
En un homenaje realizado en el Centro Cultural Tijuana un par de años atrás escribí unos párrafos para recordar la valía de esta fundamental artista internacional; lo transcribo abajo en su memoria y en agradecimiento por todo lo que nos dio y aun no sabemos con sinceridad como compensarlo.

Marta Palau

(Un contrafuerte inestimable en las artes)

Por Roberto Rosique

          La historia la conforman las personas y sus actos, la del arte bajacaliforniano, en su caso, forjada particularmente con el accionar de sus artistas será registrada de manera parcial por sus narradores. Estos ponen nombre a los hechos y a sus actores y la lista donde todos participan se hace interminable; sin embargo, habrán representantes cuyos recuerdos perduren más que otros y el inventario dilatado inicial, se irá reduciendo en la medida del compromiso que el artista asumió en su producción y con su comunidad; de ahí que trasciendan en el tiempo aquellos que con su entereza recorrieron o aún recorren el camino con firmeza y responsabilidad y son, a fin de cuenta, quienes fortalecen y hacen memorable la historia.

Que para el caso lo ejemplificaría con la figura solidaria de la artista Marta Palau, (Albesa, Lérida, España,1934), quien desde 1940, vive en México y gran parte de ese tiempo en Tijuana, su ciudad, como ella siempre lo enfatiza. Con una formación artística consistente[1], una vocación irrefutable y una producción sin precedentes, lo que la convierten en la protagonista de una carrera célebre colmada de merecidos reconocimientos nacionales e internacionales; que rubrican su carrera con el máximo galardón que se le otorga en México a un creador: el Premio Nacional de las Artes, 2010[2].

Un reconocimiento que, si bien en su momento pasó desapercibido por las autoridades educativas, culturales y el gobierno local, sin que se le dedicara, por lo menos, una nota periodística; hoy aprovecho la ocasión (me atrevo a decir que a nombre de la comunidad artística) para resarcir esa torpeza y reconocer la importancia para la colectividad regional (y nacional, por supuesto) de tal logro. Un premio valioso que (como la cereza en el pastel) corona al modesto esfuerzo de la comunidad creativa, contribuye a reafirmar nuestro estatus cultural y a recordar que hace mucho quedó atrás aquel señalamiento sectario vasconcelista de ser paramos sin cultura.

La versatilidad de su actividad artística le ha permitido transitar por la pintura, la gráfica, la cerámica, la escultura, el tapiz, la ambientación, la instalación, se ha detenido en cada uno de esos momentos, en donde después de analizar su contexto, replantear el sustrato de estos recursos expresivos, expande sus posibilidades y deja huellas del reconocimiento a la dignidad de nuestros ancestros, así como manifiesta la inconformidad por nuestra irresponsabilidad para con ellos.

Siempre mantuvo la mirada creativa a la altura de cualquiera, no declinó ante las imposiciones hegemónicas del arte, utilizó de ese universo lo que consideró pertinente resignificándolo hasta encontrarles su propio sentido.

Así, mientras Eva Hesse, a mediado de los sesenta producía en las antípodas de la forma y en la libertad o excentricidad de los materiales y Robert Morris, una década después se regodeaba con sus fieltros dismórficos; Marta Palau, también por esas fechas, redimensionaba el tapiz excluyéndolo de la función de abrigar muros o terminar convertidos en objetos suntuosos de decoración, con sus piezas disformes lo expandía hasta el ámbito de la escultura; situándose también en el vértice de los cambios que iniciaban la ruta hacia la desobjetualización del arte.

Igual podría decirse, que mientas los povera italianos trabajaron en contacto directo con materiales carentes de significación cultural, y ello suponía una importante reflexión estética sobre las relaciones entre el material, la obra y su proceso, al igual que un rechazo hacia la creciente mecanización del mundo; Marta Palau, ha empleado también materiales pobres,[3] pero más que las posibilidades estéticas y discursivas que le proveen, ha sido su esencia enormemente rica como componentes de la naturaleza cultural que representan, y que a diferencia de los artistas mediterráneos, les restituía su trascendencia cultural, y sin recriminar la industrialización del orbe, reconformaba el universo de las ancestrales culturas indias americanas, al tiempo que ha visibilizado su abandono. Así, devolviéndoles sus valores atávicos, recrea sus universos y temporiza una nueva cosmogonía que ensambla perfectamente en los avatares contemporáneos.

Es difícil ignorar el pasado rupestre del nativo californiano en las creaciones polifónicas de Marta Palau, hay en ellas un esfuerzo por recuperar la memoria de un tiempo transitado, pero también ─y ahí su grandeza─, como dice Angélica Abelleyra (2001)[4] por recuperarlas del olvido.

Vivir en una de las zonas más complejas del mundo, estigmatizada por la violencia tantas veces volcada sobre estos desplazamientos humanos, que anhelan dejar atrás la pobreza atávica y se aventuran hacia un país idílico cargando a cuestas únicamente la esperanza; vuelve inadmisible la indiferencia hacia estos actos. Los trabajos de Marta Palau, sopesan las intransigencias de una sociedad indolente hacia las trasgresiones del migrante, a la vez que universaliza lo local y da voces a todo aquel que padece estas circunstancias.

En ese sentido, no es posible también ignorar el muro que como una gran cicatriz se extiende a lo largo de la frontera del Norte mexicano, Marta Palau refrenda su compromiso social con las preocupaciones de vivir frente a un muro ignominioso[5], icono lamentable de las magnas desigualdades del Primer y Tercer Mundo, aludiendo esta realidad en su obra.

Generadora de proyectos de trascendencias internacionales como Salón Michoacano Internacional del Textil en Miniatura en 1985, el Salón Internacional de Estandartes en 1996, ahora transformado en Bienal Internacional; la muestra Cinco Continentes y Una Ciudad en 1998 que, junto a las numerosas conferencias y talleres impartidos, la convierten en una promotora cultural valiosa y difícil de sustituir.

Marta Palau ha sido, es y será, una creadora indispensable para Baja California, no sólo por su generosidad en la promotoría y la gestión cultural al develar la región y al situar a sus autores en el panorama cultural latinoamericano; por haber sido un referente sólido que aun incentiva a las nuevas generaciones a salirse de los cartabones instituidos en el arte, y por su producción excepcional, que ha mostrado al mundo esa otra cara oculta (pasado y presente) de esta frontera singular.

La deuda imperecedera que el arte y sus autores de esta frontera tenemos con la artista, resulta tremendamente difícil de saldar; sin embargo, trataremos de subsanarla, honrando tu compromiso colaborativo, emulando el espíritu de tu transitar creativo, buscando ser artistas más responsables con nuestra realidad incierta y, ante todo, ser más solidarios y mejores individuos.

 



[1] (1955-1965) La Esmeralda-INBA México, D.F. San Diego State University, San Diego, CA. Taller grabado con Guillermo Silva Santamaría en La Ciudadela, Taller Grau Garriga, Barcelona, España.

[2]  Única (hasta la fecha) artista

bajacaliforniana que obtiene tal reconocimiento, que como triste corolario paso desapercibido en nuestra localidad y sin que ninguna autoridad o institución cultural dedicara una nota periodística de la importancia de tal distinción.

[3] Fibras

vegetales de índole diversas, palos, hojas secas y caparazones, tierras y barro, listones y estambres de colores, entre otros más.

[4]  Inmersa en la

tierra y los mitos, Palau no podía desligarse de las etnias que todavía pueblan Baja California, […] En los parajes del norte conoce a los Cochimís, a los Cucapá, a los Kiliwas, a los Pai-pai y a los Kumiai. De algunos ha retomado la forma de sus manos para vestir un mural, de otros su sapiencia para tejer la palmilla o moldear el barro, de unos más graba sus canciones en lengua original o conoce sus oficios de caza y recolección más no de cultivo de la tierra porque para ellos ésta es sagrada y no debe ser horadada. (Angélica Abelleyra, 2001).

[5] Los que

quedan-muro transitable. Museo de las Californias, Cecut, Tijuana, B. C., México, 2001; Doble muro, Instalación, Sala Arte Público Siqueiros, SAPS -El Cubo, Ciudad de México, 2006; Front-era, Colección Museum of Contemporary Art San Diego, MCASD, La Jolla, Ca., 2004.

 


 

Saturday, August 06, 2022


EL MEXICO DE AYER QUE AUN ADEREZA AL MEXICO DE HOY

Apropósito de unas palabras que crucé con Isaac Artenstein

(las replico edulcoradas con otros matices)

Las percepciones de un México real (no folclorizado) en su riqueza nativa tanto la de Manuel Álvarez Bravo como la de Juan Rulfo las unen muchas similitudes, los dos desde la imagen la capturan con entera claridad; Rulfo -además- las describe, desde su imaginario con precisión quirúrgica en sus textos; ambos reflejan a ese México posrevolucionario que guardaba fuertes reminiscencias del porfiriato y asomaba luces de la modernidad urgida de nacionalismo, un sector citadino anhelando a Francia y otro rural marginado y empobrecido, y que a diferencia del “cine de oro” de esa época que abordó estos temas, solían (con frecuencia) mostrárnoslos desbordados de pasiones, miedos y traiciones con personajes disfrazados de mariachis y grandes sobreros, cabalgando con pistolas al cincho, gritando alcoholizados y con orgullo su machismo, y la contraparte sumisa, abnegada siempre acicalada para gustar al señor, acompañada de una servidumbre incondicional y un peón subsumido en la miseria pero dignos y conformes con lo que Dios les daba y el patrón bondadoso o miserable proveía.

Imágenes que mostraron al mundo un México folclorizado, pobre, dividido y hundido en el conformismo, y si bien no todo era cierto, sí fue posible que ese estigma visual perdurara hasta nuestros días, a los que por supuesto se han agregado otros más perversos no por ello menos reales.

En estos avatares se fue conformando nuestra idiosincrasia, la que nos identifica hoy y nos enorgullece como mexicanos, que sigue ahí, atada a viejas costumbres insuperadas por el progreso “relativo”, el Internet y sus redes sociales; esos hábitos añejos que calaron hondo y hoy siguen siendo parte de nuestro tuétano, de nuestra mirada conforme; pese a ello, hay quienes creen todavía en la necesidad de sacarnos esa espina y superar nuestra posición obediente la que como norma llevamos atada a nuestro actuar; un canon invisible, cómodo, que remarca nuestra condición de Otro, que hace que, “sin darnos cuenta”, siempre respondamos con la cabeza inclinada o la mirada al cielo: “a sus órdenes”, “gracias a Dios”, “Dios nos ampare”, “sí señor”, “Adiós”, “como Usted ordene”, entre un largo listado más de urbanizadas respuestas de acatamiento.

Hay, aunque muchos no quisiéramos aceptarlo, todavía un largo trecho por recorrer para encontrar la verdadera esencia de lo que somos y queremos.

Roberto Rosique


 

Tuesday, August 02, 2022

LO MEJOR DE LA VIDA ES HABERLA VIVIDO


                                     LO MEJOR DE LA VIDA ES HABERLA VIVIDO

Para mi querida Bella

Una frase simple, incluso tediosa pero justa no importa de qué lado de la ventana la estes escuchando.

Apenas ayer por la tarde-noche oía desde mi laptop, sin saber por qué a Carlos Puebla, a Noel Nicola, a Compay Segundo a Omara Portuondo y rememoraba mi vida ochentera en el DF, en donde la felicidad no se escatimaba jamás y no podía evitar la imagen nítida de la avenida Álvaro Obregón, frondosa, tranquila. Me hizo sentir bien, con ganas de volver a recorrerla.

La vida es tan fugaz que apenas nos percatamos que fuimos jóvenes y que aspirábamos engullir el mundo de una mordida. Con Mario Colonna, mi amigo y hermano querido de Beatriz la madre querida de nuestra hija Abril, compartimos juntos, en un hermoso departamento de la esquina de Mérida y Yucatán en la colonia Roma de la CDMX, muchos momentos difíciles, pero más, muchos más de alegría y serenidad nacidos de la concordia de gustos y pensamientos, hasta que la vida redireccionó nuestros destinos, Beatriz y yo nos embarcamos, sin saberlo en el último viaje que haría el vagón-dormitorio del tren que salía del DF a Mexicali, para instalarnos en Tijuana dispuestos a comernos lo que restaba de ese mundo que habíamos imaginado en la juventud y Mario, partía hacia su tierra natal, Acayucan, a reconstruir su vida y a desmitificar la figura Colonna en aras del reconocimiento de su enorme valía (y lo logró), y dejamos de vernos por las distancias y las separaciones injustas que uno propicia en la vida; pero Mario (Mariano como solía decirle) seguía ahí para mí en su fortaleza como ser humano; hasta que el tiempo atranca todo, detiene las manecillas de la vida y despiertas pensando en ese ayer interminable, en esos momentos colmados de sueños de libertad, acompañados inexorablemente de lecturas de izquierda, trova cubana, cervezas, cigarros y todo pensamiento antiyanqui en donde solo el jazz era perdonable.

Fueron desvelos gratos, salpicados de un sinfín de anécdotas enormes, fumando habanos que Fidel Castro enviaba de regalo a don Mario, el patriarca mayor y que Mariano conservaba para bien de los sueños de izquierda, esos sueños que se exacerbaban en el ánimo de la emancipación y que de vez en vez, en un arranque emotivo por los humos del alcohol, solía sacar el viejo directorio del patriarca para marcarle a la Habana al Comandante Supremo y saludarlo, y aunque siempre contestaron gentilmente jamás lo comunicaron con el revolucionario; sin embargo, el acto era más que suficiente para sentirse satisfechos, menos importante eran la falacias políticas aunque hundieran al país en el atraso, como tampoco importante eran los despertares con duras resacas que había de paliar en el trabajo.

Así la vida se nos va de las manos, sin darnos cuenta dejando huellas que nos acompañarán en esta travesía, hasta que se borran por dejar de interesarle a otros; así es esto, finito e irrevocable.  Hoy ya no está físicamente con nosotros Mario Colonna mi amigo, el hermano querido de Beatriz madre querida de nuestra hija Abril, pero su enorme figura rondará hasta el fin de nuestros días animando los corazones de quienes lo quisimos, tarareando sones cubanos henchidos de sueños y libertad.

Descansa en Paz amigo querido.